La Coctelera

Danielle Degoumois

La Fuerza de Vida es el nombre dado a la acción energética de Danielle Degoumois y de las personas formadas por ella alrededor del mundo.

5 Julio 2007

Al encuentro del amor de sí mismo

Meditación de abril del 2007

El amor de sí mismo es una concepción moderna del amor de Dios por sus hijos. Tener la certeza interior de cómo esta parcela divina que anima todas las cosas está dentro del corazón y no en las manifestaciones exteriores es igualmente un avance importante para una apertura de consciencia global de la humanidad. Progresivamente, nos hacemos responsables de nuestra vida, de nuestras dichas y nuestras desventuras, en una comprensión de las leyes que rigen la Tierra y el Cielo. La globalidad del funcionamiento está orientada sobre una acción y una reacción que genera la energía necesaria para animar el paso siguiente.

¿Cómo amarse a sí mismo cuando los otros ponen una mirada crítica sobre nuestras reflexiones, nuestras acciones y nuestra manera de ser? ¿Cómo evitar caer en el narcisismo o en el egocentrismo al escuchar sus certezas interiores y afirmarlas? ¿Dónde comienza el amor por sí mismo y concluye el egoísmo? ¿Cómo no sentirse perseguido, rechazado y excluido por un anticonformismo expresado y
respetuoso del otro?

¡Tantas preguntas, dudas, incertidumbres y vacilaciones! Disgustar a las personas influyentes en nuestra vida, permaneciendo al margen de sus exigencias o de sus opiniones, exige una fuerza que acepta el juicio de los otros, el rechazo, sabiendo que será momentáneo, y la soledad. Para enfrentar estas situaciones delicadas y dolorosas es indispensable conectarse con el respeto de sí mismo y de los demás.

¿Amarse a sí mismo puede también ser orgullo o una falta de confianza en la vida? Apartarse del mundo no es la solución, pues necesitamos los unos de los otros para evolucionar, confrontarnos con nuestras propias realidades y adquirir la fuerza de sostenerlas. Respetarse a sí mismo libera de la confrontación con aquello que es justo para sí y aquello que no lo es. Y poner todo en marcha para vivir según sus necesidades.

Amarse a sí mismo es también aceptar sus debilidades y sus lagunas y ya no intentar ser perfecto a los ojos de los demás. Dejar la mentira, las falsas perspectivas y las máscaras exige coraje, una tolerancia de sí y de los otros, en una relación con la parcela divina en sí mismo y la fuerza de vida que ella genera. El amor por Sí mismo establece la conexión con un nivel superior de su conciencia. Es más, amar su vida es amar a Dios.

La unión con el amor por Sí mismo participa en la evolución de la persona y de la humanidad entera. Este camino conduce a cada uno a revisar su pasado, a perdonar a todos aquellos que lo han ofendido, sin la esperanza del reconocimiento por los sufrimientos padecidos. Cada etapa está acompañada de una apertura de conciencia que relata sus propios errores y sus carencias. La culpa es útil para tomar conciencia de su responsabilidad en el sufrimiento inflingido a otros, pero no basta para liberar los pesos de la vida a los cuales está asociada. La fuerza del amor suscita la reconciliación en una energía de reparación y construcción.

La vida entera está centrada en la búsqueda del equilibrio y el placer. La alegría de vivir no sólo está destinada al bienestar. Dinamiza por igual nuestra motivación para buscar el mejor medio de expresar quiénes somos en una sociedad por domesticar y respetar. Desde el momento en que me conecto con mi verdadera naturaleza es fácil sentirme al abrigo en una profesión, una vida
activa y dinámica. ¿Cómo entrar en conexión con mis talentos y su expresión en una relación de intercambio con el mundo? ¿Cómo valorar mi tesoro interior para que yo esté en la abundancia y el reconocimiento de los demás?

El elemento constructor es aún y siempre el amor: esta energía que le da vida a todas las cosas, a cada encuentro, y que ilumina con miles de colores los proyectos y sus concreciones. Para aumentar esta energía es indispensable ir al encuentro del amor de sí mismo que se esconde en el “quien yo soy”. El camino que conduce al conocimiento de sí mismo pasa por etapas destinadas
a liberar los pesos y las heridas del pasado para acceder a una relación amplificada con el ser. El perdón ya no es más una simple formalidad, sino una toma de conciencia destinada a distribuir las responsabilidades de los ultrajes y de sus consecuencias entre cada una de las personas concernidas. El efecto espejo refleja siempre los defectos y los errores que yo le reprocho al otro puesto que no puedo reconocerlos en mí misma. Y las heridas del amor propio no hacen otra cosa que revelar un orgullo mal localizado.

A medida que dejo de buscar en los otros la aprobación y el apoyo, comienzo a entrar en resonancia con mis valores fundamentales y mis predisposiciones originales. Una vida nueva se construye con una nueva mirada sobre el mundo y las herramientas que se revelan. Mi tesoro se revela, yo me siento por fin “en casa”. La relación de amor que se instala permite descubrir las capacidades
escondidas, los conocimientos no revelados y un saber que se transmite a través de una actividad profesional motivadora.


El miedo a la carencia, a la mirada del otro y al rechazo disminuye. Abre espacio a las certezas que tienen necesidad de ser expresadas y compartidas. La confianza en mí aumenta a medida que siento la plenitud de la conexión con mi ser. Tomo mi vida en mis manos en una alegría comunicativa y sin cesar renovada.

¿Cuánto tiempo exige esta transformación? ¿Uno, diez, veinte años? Poco importa, pues el único objetivo que tiene valor es la realización de sí mismo en un compartir y en una relación de amor total. Juntos, estamos en este camino de evolución.

Amar la vida también es respetarla y tener en cuenta los elementos que la componen antes de tomar una decisión. Amarse a sí mismo no es incompatible con el respeto a los otros, a sus opiniones y a su manera de vivir. Amarse a sí mismo sólo impone hacerse el maestro de sus opiniones sin pensar desde el lugar
de los otros y sin juzgar arbitrariamente lo que ellos son y lo que hacen. Participar en la construcción de un mundo en devenir exige tolerancia, paciencia e igualmente una apertura de conciencia destinada a sacar a la luz las relaciones de los unos con los otros.

Irse lejos de su casa, divorciarse o abandonar su trabajo por incompatibilidad de carácter no resuelve nada, pues la vida le reserva a cada uno los aspectos que no ha superado con el fin de que libere las limitaciones energéticas que le impiden a la vida circular armoniosamente. Imponer su voluntad personal no permite resolver el problema, por el contrario, éste se amplificará en la
ausencia de consideración por el otro o por el entorno concerniente. Estar a la escucha, ponerse en cuestión y decidir en función de lo que se tiene y lo que se debe, permite superar el obstáculo y recuperar la energía que se había concentrado sobre el aspecto conflictivo.

Aprender a decir “no” mientras se respeta al otro es un aprendizaje que suprime los miedos a ser rechazado, abandonado o juzgado. Mantener la armonía consigo mismo sin herir, sin lastimar su entorno, exige una fuerza que se adquiere y que se construye en la confianza de sí mismo, en la fuerza del carácter y en la apertura a un mundo mucho menos agresivo del supuesto. Pero… saber decir “no” implica igualmente estar de acuerdo con sus decisiones y aceptar las consecuencias del rechazo. Sólo de esta manera se da la fuerza para construir una vida libre de constricciones, de deberes y de obligaciones.

¿Cómo liberarse de los deberes y las obligaciones? Escogiendo transformar esos elementos que se convierten en las participaciones necesarias para una vida equilibrada de acuerdo con las leyes del respeto de la vida en sí misma y de la vida de sí mismo y del entorno. Dándose los medios de cambiar lo que es molesto, de comunicar lo que nos molesta y transformando los sentimientos de odio y de rechazo en compartires constructivos para todos. ¿Cómo pasar de la teoría a la práctica? Aclarando sus necesidades, en su expresión y en la manera de decirlas.

Yo les recomiendo escribir todo aquello que les molesta en su relación con los otros y con la vida en general, con el fin de soltar un fardo y de darle una estructura a sus palabras y a las reivindicaciones permanentes de los pensamientos. Esta actitud permite igualmente subrayar la espiral de los estados de ánimo que se crean en ese flujo incesante y jamás satisfecho de las diversas búsquedas. Escribir le da peso e importancia a las contrariedades que se han instalado por rutina o por hábito, y por lo general por miedo, de no ser escuchado o comprendido.

¡Amar mi vida es darle la fuerza de existir tal como yo la siento en mí!

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Sobre mí

Maestra de evolución, alquimista, formadora e iluminadora. Nacida en 1945, en Suiza, Danielle Degoumois ha estudiado y practicado la filosofía, la psicología, las ciencias humanas y las medicinas alternativas. Madre de familia y terapeuta, ha sido directora de empresas y ha recorrido el planeta en busca del maestro que se reveló en ella. Fueron necesarios más de 50 años de preparación, de iniciación, de formaciones, de experiencias y de encuentros para cumplir su recorrido interior. Ella ha adquirido la capacidad de transmitir la frecuencia vibratoria de evolución con el fin de volverla asimilable para el ser humano y generar la resonancia energética destinada a la apertura de conciencia necesaria para devenir co-creador de su vida. En conexión con los planos de conciencia más elevados, ella dispensa la fuerza de amor capaz de unir a cada uno con su Ser y su propia Fuerza de Vida. Basada en las tradiciones milenarias, su enseñanza se aplica a todas las situaciones de la existencia, ya sean personales o de grupos, y a quienes buscan soluciones respetuosas de la vida. Ella abre un camino de evolución por medio de conferencias, encuentros-meditaciones, seminarios, talleres de trabajo y pasantías en diversas partes del mundo.

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