Después de un tiempo de rechazo y de tentativas por eliminar o neutralizar al intruso, el cuerpo sólido se adapta a esta nueva condición y desarrolla los elementos que le permitirán vivir con ella. Comienza así una transformación molecular que intentará encontrar un nuevo equilibrio y la fuerza para mantenerlo.
Cuando el planeta Tierra se enfrió, recibió, en su superficie, los elementos indispensables para una vida evolutiva. Las aguas se separaron de los continentes y estos emergieron bajo el empuje de las placas tectónicas, que eran mucho más gruesas de las que conocemos hoy en día, pues la masa que se solidificaba no se había separado aún en continentes.Todo necesita tiempo y elementos perturbadores para dinamizar la creación de un lugar de evolución a través de partículas que son atraídas por la influencia de un astro en gestación. Estas perturbaciones se encuentran en el funcionamiento del ser humano que aprende a luchar contra los virus, las situaciones perturbadoras para su equilibrio y su supervivencia. Estas fortificaciones generan una energía que es utilizada para desarrollar sus características y darle la capacidad de reencontrar su unicidad de ser vivo y de creador de mundos. La androginia reconcilia las dos fases del ser humano después de un recorrido de múltiples vidas para fortificar el aspecto masculino y femenino, cada uno a su vez. La dualidad es un motor de evolución para toda vida que es invitada a emerger de un caos o de una situación de crisis y de tensiones. El reposo no existe porque el movimiento conlleva la vida, pero la flexibilidad y la fluidez favorecen la relajación, la absorción de los elementos de transformación y la formación de nuevos paradigmas de existencia.

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