Los ciento cuarenta y cuatro mil elegidos
Meditación del 7 de junio de 1999
El Apocalipsis, que es el último libro de la Biblia, explica a su manera todos estos fenómenos y sus repercusiones sobre los seres humanos. Describe, en una dinámica abundante en imágenes, cómo, antes de que los elementos se desencadenen, los ángeles colocan el sello de Dios sobre la frente de sus ciento cuarenta y cuatro mil servidores con el fin de que sus vidas sean respetadas por esta gran desdicha. Esta cifra enigmática ha permitido la creación de numerosas sectas que pretenden todas hacer parte de estos elegidos escogidos por Dios.
Cerca de dos mil años más tarde, la realidad se revela por la posibilidad para cada uno de ser uno de estos Servidores si se acepta aumentar su capacidad vibratoria a la medida de ciento cuarenta y cuatro mil con el fin de liberar sus cargas kármicas y alcanzar la energía necesaria para sobrepasar las limitaciones de su propia vida.
Los textos sagrados de los cristianos revelan una verdad destinada a una apertura de conciencia importante. San Juan recibe la orden de escribir una carta a las siete iglesias de Asia, lo que abre la puerta al conocimiento de la sabiduría de Oriente. Los libros de los Vedas están entre los más antiguos escritos conocidos por nuestra civilización. Estos describen notablemente el funcionamiento de los centros energéticos sutiles del individuo llamados chakras y que son siete en número.
La imaginería sagrada védica ha creado un dibujo que representa los atributos de cada chakra con símbolos que incluyen personajes, animales, elementos astrológicos y naturales. Cada una de las imágenes está colocada sobre un loto que tiene el número de pétalos ligado a su energía y a su fuerza. Los seis primeros lotos totalizan ciento cuarenta y cuatro pétalos y el último chakra, el séptimo, multiplica por mil la energía y la fuerza contenidas en los seis primeros. Alcanzamos así esta cifra mítica de ciento cuarenta y cuatro mil que abre el ser a su divinidad y a una vida más elevada vibratoria y físicamente.
Esta confluencia entre la sabiduría oriental y el amor cristiano es el más bello regalo de Dios a sus hijos, al fin reunidos en una búsqueda idéntica: encontrar en el fondo de su corazón la naturaleza divina del Ser. Quienes hacen este camino estarán entre los ciento cuarenta y cuatro mil elegidos, poco importa el número real de personas.
Yo los invito a todos a ponerse en camino de manera conciente, con el fin de recibir la Gracia de Dios en ustedes y la energía necesaria para reencontrar la unidad.
