Meditación del 22 de mayo del 2000

La elección está directamente ligada a la dualidad y a los estreses engendrados por ella. Las incertidumbres, los imperativos y lo desconocido estimulan la actividad neuronal y psíquica, preparando así nuevos caminos energéticos destinados a manejar los parámetros de vida por descubrir.

Las personas nacidas bajo un signo astrológico doble saben cuán difícil es vivir simplemente. Ellas están en la indecisión permanente, en la duda y a la espera de haber hecho la elección adecuada. De esta manera, su destino las prepara para una apertura de conciencia importante, en esta vida o durante la siguiente.

La persona no acepta fácilmente haber hecho una elección dudosa o francamente mala porque las consecuencias hieren el orgullo y desembocan sobre pérdidas y perjuicios. El sentido de las responsabilidades coloca un peso suplementario sobre los hombros y el corazón de las personas que se encuentran ante elecciones de vida para otros diferentes a ellos.

El libre albedrío consiste en aceptar estas elecciones y el aprendizaje de vida que está ligado a él. Cada error es una certeza que pone en desbandada las dudas anteriores a la acción o a la decisión. Hacer la buena elección reconforta, ubica la confianza en sí mismo, en su razonamiento y las decisiones que de allí resultan. Reparar los errores hace igualmente parte de los aprendizajes de la vida y libera el karma de sus bloqueos y de sus cortocircuitos energéticos. La conexión con el ser interior es un avance importante en la evolución y la liberación de la vida de la persona, pero a veces él dirige con mano de hierro y la ausencia de elección traumatiza al aspirante a una espiritualidad romántica que espera una relación amorosa y luminosa con Dios en él.

Las personas que no tienen la elección se sienten frustradas por una parte importante de su vida y de su libertad. ¡Lamentan lo que no tienen y olvidan ser felices con lo que tienen! Los indecisos perpetuos desean no tener ya la elección y aquellos que construyen sus razonamientos se imponen en la sociedad. Cuestionarse es un ejercicio espiritual de alto valor y aceptar equivocarse es el camino que conduce a la liberación de las dudas y del cuestionamiento.