Meditación del 12 de junio del 2000

La energía de vida se manifiesta de múltiples maneras hasta en la materia y el dinero hace parte de esta impulsión que crea, construye, dinamiza y nutre a la humanidad.
La economía hace parte de las ciencias modernas. La fortuna que se crea por el movimiento genera empleos y la posibilidad de manejar su vida individualmente. El dinero no hace la felicidad, pero contribuye a ella porque es portador de libertad, de placer, de confort y de poderes. El dinero favorece la libre circulación de mercancías, de servicios y de la educación. Él es un medio de intercambio que ha reemplazado el trueque, limitado en su acción y generador de distorsiones importantes.
La relación de cada uno con el poder económico depende de su educación, de su madurez de espíritu y de sus ambiciones. El dinero tiene un valor en la medida en que circula y da frutos. Poseer una fortuna o ser rico implica una responsabilidad con relación a la puesta a disposición de esta energía de construcción y de sostén para la economía.
Pagar lo que es debido, en función de un contrato previo o del valor fijado, es un acto de honestidad y de justicia. Las rebajas, reclamadas o propuestas, son o una pérdida para el vendedor o un acto de hurto calificado, salvo cuando las costumbres lo admiten implícitamente.
La caridad es un acto de compartir que viene del corazón, y tomar su vida en sus manos para satisfacer sus necesidades personales es una señal de respeto de sí mismo y de los otros. La nueva sociedad tiene necesidad de seres fuertes e inteligentes para repartir equitativamente las riquezas que la tierra nos da según los parámetros del amor total.