Meditación del 1 de septiembre del 2003
Pi = símbolo matemático que representa la relación constante entre el perímetro de un círculo y su diámetro, equivale aproximadamente a 3,1416. En física: partícula elemental con una carga eléctrica positiva o negativa igual a la del electrón, o eléctricamente neutra, y cuya masa es 273 veces la del eléctrón. Esta frecuencia es la que nos guiará a través de los meandros del descubrimiento de Pi.
La Tierra está rodeada de ondas magnéticas llamadas hertzianas. Ellas son el soporte de las ondas de radio y de televisión. Estas ondas llevan a los hogares los programas que son preparados en estudios con frecuencia muy lejanos.
En relación constante y permanente con el ser humano, Pi es la referencia de su código genético. Éste se modifica a lo largo de las mutaciones sucesivas y permanece como el vínculo con la Energía Creadora del Hombre. Es la parcela divina en cada uno. Esta frecuencia vibratoria ayudó al nacimiento del planeta e insufló su energía para crear este medio de evolución que se llama "Tierra". Ella tiene una relación directa con las grandes conmociones cósmicas y las repercute hasta en lo infinitamente pequeño mediante impulsos que son asimilados y distribuídos por Pi. Nuestra glándula pineal es el agente de comunicación con nuestra vida y todo lo que le concierne.
Cada ser humano emite, sobre su longitud de onda, vibraciones que son el reflejo de sus pensamientos y de su personalidad. Estas ondas son portadoras de emociones que ligan a las personas entre ellas y que mantienen los sentidos en alerta sobre la frecuencia. Es así como la telepatía puede funcionar mediante una amplificación del canal de recepción y mediante el análisis de las señales recibidas, pues el hecho de pensar en una persona específica aumenta la tasa vibratoria de la emisión. Entre más cerca está la persona afectivamente, más fácil y comprensible es la recepción.
Los seres humanos son solicitados de manera permanente por los mensajes que los unen a los otros. Es así como se teje una gigantesca tela de araña que mantiene el sistema nervioso en una tensión que es necesaria para su funcionamiento.
Los mensajes de energía positiva alivian la tensión e influyen favorablemente sobre el intercambio energético entre todas las ramificaciones, mientras que las energías negativas aumentan esta tensión y ponen pesos sobre todos los hilos de la tela, de manera más o menos fuerte. Es así como se crea el karma o relación de causa a efecto. A menudo basta con una reconciliación sincera para liberar limitaciones importantes y permitir a los protagonistas reencontrar la salud, la alegría de vivir y la creatividad.
Es así igualmente como actúa la energía de curación o la magia negra. Cuando los hilos que componen la tela de araña son suficientemente fuertes y capaces de transportar una energía de una tasa vibratoria elevada, la magia negra no puede ya actuar, pues está limitada en su frecuencia. La energía de curación es un acto de amor que sostiene la frecuencia original de la vida y que tiene el poder de fortalecer el campo magnético que rodea los hilos de la tela. Ella calma las tensiones y suscita la reparación de los bloqueos energéticos y de las debilidades del Ser.

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