Meditación del 8 de septiembre del 2003
La energía de amor es comparable a la Fuerza de Vida que da el brillo a las estrellas y la fuerza de atracción al sol. Por medio de una secuencia lógica de acciones e interacciones, ella crea un campo magnético interdependiente con su medio ambiente. Su frecuencia es más elevada que cualquier otra en el sistema energético del ser humano, es por ello que supera en intensidad y en intención las fuerzas negativas y de destrucción.
Los planetas de nuestro sistema solar son igualmente receptores de esta frecuencia y desarrollan este estado a su manera, en condiciones muy diferentes de nuestra concepción, limitada por la ausencia de referencias. La vida en la Tierra es controlada y ayudada por la frecuencia de Pi, que es la generadora de la evolución de todos los reinos desde el principio de los tiempos.
La frecuencia de Pi actúa en la materia y en las densidades más elevadas con el fin de preservar las especies durante el tiempo que su energía vital acepte las leyes de evolución ofrecidas por el planeta Tierra. Cuando termina el recorrido terrestre, el alma se reúne con los planos sutiles hasta el momento en que abandona la atracción terrestre, llevada por su grupo y por la energía que éste ha adquirido. Los vientos cósmicos o las corrientes de atracción la llevarán hacia otro sitio de evolución que corresponda a la estructura y al peso atómico de la molécula así recompuesta.
La vida se desarrolla en condiciones aún desconocidas por el hombre, pues cada cuerpo sólido, líquido o gaseoso tiene propiedades de expansión, de contracción y de desarrollo. En condiciones extremas y sin un parecido común con la Tierra, las bacterias trabajan en la transformación de los elementos reunidos en un campo energético concentrado y limitado. ¿De dónde vienen las bacterias? Están presentes en la atmósfera a todos los niveles de altitud y viajan de un lugar a otro, vehiculando en su estructura y en su naturaleza las informaciones de los sitios visitados anteriormente.
Las nubes de polvo de estrellas también son portadoras de elementos de transformación por medio de la memoria que representan y de su velocidad de impacto. Las tempestades de arena microscópica se abaten sobre nuestro planeta sin que nos demos cuenta y traen con ellas las informaciones ligadas a su origen y a su sistema de desarrollo. Estas nuevas materias se mezclan a las que existen desde el origen y forman colonias que se presentan en ciertas partes de la Tierra, provocando generaciones espontáneas de microorganismos generadores de vida. Es así como encontramos, en lugares específicos, vegetales, animales o concentraciones únicas. La energía que anima cada uno de estos parámetros genera la vida y sus leyes de desarrollo.

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