Todas ellas tienen sus connotaciones astrales, pero en la base siempre encontramos una sustancia, un virus o una bacteria que se introducen en el sistema de funcionamiento y que desestabilizan el equilibrio concebido por el cerebro y el cuerpo físico. El cuerpo físico tiene una inteligencia relacional y constructiva. Se relaciona con el psiquismo a través de la sangre, las neuronas y sobre todo los neurotransmisores. Él tiene su propia inteligencia de reacción cuando la sangre, por ejemplo, genera la coagulación en caso de heridas o cuando las células luchan contra los virus.
La sangre es de naturaleza física y ética. Tiene un aura que capta los movimientos de nuestro medio ambiente directo e indirecto y genera las acciones y las reacciones necesarias para el mantenimiento del equilibrio de la vida y de la salud. Vehicula la totalidad de las informaciones concernientes a la identidad y a la historia de la persona y está directamente relacionada con la glándula pineal a la cual irriga y mantiene en el tono vibratorio de la encarnación. Su densidad está en relación con el campo electromagnético que se crea durante el encuentro de las energías de tierra y cielo.
El psiquismo capta todas las informaciones que retransmite a la
energía vital de la persona. Según la construcción de su sistema nervioso central, ella tendrá una buena vitalidad o una salud deficiente. Todas las enfermedades tienen un origen psíquico. Se crean según la naturaleza de la persona, su herencia genética y su destino. La vida impone los estreses necesarios para sobrepasar las limitaciones y para reencontrar el equilibrio destruido por las múltiples agresiones de la existencia.
Teniendo en cuenta los múltiples parámetros que generan la
enfermedad, es posible hablar de curación y de re-armonización de la vida.
(Tomado de "Santé", en: www.laforcedevie.ch, septiembre del 2007)

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