Meditación del 27 de enero del 2003
Las enfermedades son creadas por una carencia energética
de los cuerpos sutiles que se repercute hasta en la materia. Estas carencias energéticas se amplifican por medio de las herencias biológicas de los padres que transmiten, a través de la sangre de la madre y el espermatozoide del padre, sus informaciones genéticas. Éstas impregnan los genes del hijo en devenir, quien las encontrará en su ADN. Ellas son portadoras de fuerzas y debilidades de los padres y de ambas líneas parentales, que representan la evolución de la raza a través de las encarnaciones sucesivas durante millares de años. Cada nacimiento concreta el avance de la generación anterior y prepara la siguiente con las mejoras y los fortalecimientos adquiridos por la vida en curso.
Y esto desde el comienzo de la humanidad en la Tierra.
Estas informaciones están almacenadas en el holograma que está presente en cada célula del individuo. Cada una de éstas contiene la totalidad de las informaciones, pero utiliza únicamente aquellas que conciernen a su función. Cada célula es un banco de datos que refleja el alma por completo, pero cuya energía no permite sino la función para la cual está prevista. El alma contiene todas las memorias y la energía vital para accionarlas todas. Ella tiene acceso a la totalidad de las informaciones generadas por las células y por las excitaciones exteriores.
La central energética que representa el hombre en su funcionamiento emite sobre varios metros alrededor de él un resplandor conocido bajo el nombre de cuerpos sutiles. Estos son el reflejo del cuerpo físico y tienen la particularidad de formar capas de frecuencias variables alrededor del cuerpo físico. Es así como el resplandor permite distinguir los bloqueos energéticos del cuerpo físico por medio de la lectura del aura o de la certeza interior. Cada frecuencia corresponde a una sensación, un sentimiento, una emoción o una idea. Hay un número importante de frecuencias que se extienden desde el infrarrojo hasta el ultravioleta y mucho más allá. Pero esto es ya una visión del porvenir, porque nuestros instrumentos de medida no pueden aún registrar las frecuencias más sutiles y más finas.
Esos cuerpos sutiles tejen una red energética poderosa y ampliada alrededor de cada cuerpo vivo, que lo protege de las resonancias magnéticas que destruirían la construcción molecular si no estuviera rodeada por esta protección. Sin embargo, esos cuerpos sutiles soportan las frecuencias emitidas por los cuerpos sólidos, gaseosos y líquidos que pueblan nuestra galaxia. Estos invaden el espacio y usurpan el del vecino en una medida directamente proporcional a su masa.
La atracción de los diferentes elementos le da a la Tierra un satélite que es la Luna y a nuestro sistema solar los diferentes planetas que giran alrededor del Sol. Cada uno de estos tiene una influencia sobre los otros y sobre los elementos que lo componen, entre ellos el ser humano. Es de esta manera que el hombre es perturbado, en su funcionamiento, por la presencia de Venus, Saturno, Mercurio, Plutón y todos los otros planetas sin excepción. Más todos aquellos que, fuera de nuestro sistema solar, influencian nuestra atmósfera y no son registrados. Las estrellas, que son masas en fusión, tienen igualmente una acción importante sobre nuestro funcionamiento y el de toda vida en la Tierra.
Las miserias humanas son todas provocadas por estas tensiones que se instalan sobre las frecuencias de los cuerpos sutiles. Al principio ligeras y sin consecuencias, ellas crean progresivamente tensiones que se repercuten a los niveles psíquico, emocional y, finalmente, al nivel del cuerpo físico, que somatisará la carencia energética provocada por esta limitación. Es en este momento que se instalan los dolores, la enfermedad o las situaciones de vida difíciles y conflictivas. Un día, un acto de vida fuerte, un accidente, una toma de conciencia o un cambio de actitud liberarán la presión y restablecerán la libre circulación energética y la curación.
Estas situaciones se repetirán hasta el momento en que el cuerpo físico haya fortalecido su constitución y pueda restablecer, hasta en los cuerpos sutiles, el circuito energético que alimentará el espíritu, luego el psiquismo y, finalmente, los cuerpos sutiles, en una elevación vibratoria de la zona concernida.
Es así que se crea y se libera el karma, que es el motor de evolución del alma.
(Actualizada en septiembre del 2007)

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