Meditación de julio del 2001
¿Cómo concebir a Dios, explicarlo y describirlo? ¿Quién encuentra a Dios? ¿Cómo saber que estoy en comunicación con Él? ¿Cómo elevar mi conciencia y conectarme con esta parcela divina cuya certeza siento en mí?
¿Por qué hay dioses diferentes, hombres que batallan a nombre de una religión y que imponen sus creencias? ¿No hay una concordancia entre la mitología griega, los dioses romanos, la Biblia y los libros sagrados de las grandes religiones? Al observar con detenimiento, cada uno de estos libros está adaptado a los seres, los pueblos o las regiones de la Tierra a los que están destinados. En todas partes se encuentran los elementos fundamentales de Dios o de los dioses que son siempre superiores al hombre y a su voluntad: una fuerza de vida, inexplicada e inexplicable.
Vivimos un avance muy importante de nuestra humanidad en el que Dios se revela de todas las maneras, bajo todas las latitudes, con el fin de abrir nuestra conciencia y de acoger las enseñanzas de los libros sagrados de otras religiones, garantizando una síntesis de eso que es Dios y de cómo encontrarlo.
El cristianismo enseña el don de Dios que encarnó a su hijo único con el fin de poner sobre él todos los pecados del mundo para salvarlo. ¿Los cristianos son los únicos en ser salvados? ¿Cómo es posible imaginar que todos los no cristianos estén destinados a ser condenados a los infiernos, mientras que sólo una pequeña parte tendría el derecho de instalarse a la diestra de Dios? Después de dos mil años de buenos y fieles servicios, las iglesias son abandonadas por fieles que constatan un vacío existencial que no puede ser colmado por los rituales de sus religiones. Ellos sienten la certeza de un llamado interior que no se satisface ya con la enseñanza que ha alimentado a millares de generaciones anteriores. Esta sensación nueva es difícilmente explicable con palabras por cuanto es más una certeza interior que una manifestación concreta y palpable.
En este momento participamos en una elevación general y global de la conciencia de la humanidad. Dios se dedica a tutearnos, personalmente, y a elevar nuestra conciencia a través de los pensamientos, las certezas interiores y las tomas de conciencia con frecuencia dolorosas. Su discurso no tiene concesión porque nada se deja al azar o de lado. Él pasa revista a todos nuestros defectos, nuestras debilidades, nuestras mentiras de vida y nuestros errores de apreciación. Él impone Su voluntad justo cuando esperábamos que se manifestara bajo la forma de una bella iluminación, de un amor caluroso, de una protección sin falla y, sobre todo, conforme a las imágenes conocidas de su divina presencia.
Los textos sagrados no son tiernos ni románticos. Ellos explican todo a quien sabe escuchar y entender. Pero cuando nuestra escucha está velada por nuestra expectativa y nuestros miedos, estamos en la imposibilidad de conectarnos a la fuerza del mensaje, al sentido que revela, y continuamos soñando y contándonos bellas historias.
¿Cómo aceptar que hayamos sido enseñados durante dos mil años y más por una o unas religiones que han sido un sostén poderoso, unos rituales que han dado sus pruebas, que han distribuido sus energías, sus aberraciones, sus series de desdichas, sus zonas de sombra, y que todo sea cuestionado? La religión sigue siendo una invención creada por el hombre, mientras que en la hora actual Dios se revela a nosotros directamente, como no lo imaginábamos.
La lectura de la Biblia revela la historia de la humanidad desde el nacimiento de la raza aria. Todo ha sido escrito, revisado y repetido varias veces. El mensaje es idéntico, pero se presenta bajo formas diferentes y, sobre todo, de acuerdo con los acontecimientos históricos. La historia de los pueblos cuenta su evolución espiritual, científica y social. La inteligencia está en crecimiento de manera permanente. Ella se adapta a las mutaciones indispensables para la supervivencia y para su camino de evolución en la Tierra.
Las diferentes religiones son un soporte y una ayuda para aceptar este camino de evolución y de crecimiento permanentes. Las mitologías, los libros sagrados, las filosofías, así como las ciencias ocultas, transmiten el Conocimiento, cada uno a su manera y siempre en relación directa con el ideal por alcanzar para estar de acuerdo con lo que ocurre en sí mismo. El acceso a la Verdad exige un camino espiritual que las sociedades secretas y las iglesias proponían a sus adeptos más evolucionados. Así han preservado ellos la enseñanza oral de los Antiguos y de los profetas.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados