Meditación de julio del 2001
¿Cómo concebir a Dios, explicarlo y describirlo? ¿Quién encuentra a Dios? ¿Cómo saber que estoy en comunicación con Él? ¿Cómo elevar mi conciencia y conectarme con esta parcela divina cuya certeza siento en mí?
Desde hace varios años, las iglesias se desocupan y no responden ya a la demanda de sus adeptos. ¿Por qué han cambiado las referencias de tantas generaciones?
Hace dos mil años, Dios envió a Su Hijo único a una parte de la humanidad para cargar sobre Él los pecados del mundo. La energía que estaba asociada a la llegada del cristianismo cambió el estado de ser de una parte del planeta, así como su relación con Dios. Estos dos mil años han sido necesarios para que la energía crística sea absorbida por el ser y la vida en general, con el fin de permitirles a los seres humanos salir de la barbarie y elevar sus ideales de vida.
Quinientos años antes, en Oriente, nació Buda. El Buda que enseñó la Vía del Justo Medio vino para traer una renovación a los vedas y al hinduismo, que sostienen una multitud de dioses con unos rituales muy precisos relacionados con una concepción más primaria de Dios. Buda introdujo esta noción de la deidad que hace parte del ser y no como un elemento exterior. La Vía del Justo Medio permite encontrar un equilibrio entre las fuerzas de tierra y las fuerzas de cielo. Los pueblos, seducidos por esta realidad, tuvieron ya la capacidad psíquica de nutrirse de esta concepción. Esta filosofía les dio la fuerza de acceder al nivel de conexión espiritual que necesitaban para aceptar las condiciones de vida impuestas por su medio ambiente.
Quinientos años más tarde nació Jesucristo. Por la misma época, Hermes Trismegisto abrió una nueva vía espiritual en Egipto y en el Medio Oriente. Enseñó, al pueblo tanto como a los eruditos, la escritura, las matemáticas, las ciencias exactas y esotéricas. Llamado el «Tres Veces Grande», fue considerado como una encarnación del dios Thot. Él abrió el camino del respeto del Hombre y de su derecho a la educación, cualquiera que sea su condición social. Habiendo sido su enseñanza principalmente oral, transmitió su herencia espiritual a través de tres libros que son antologías de Conocimiento condensado e innovador.
Quinientos años después de Jesucristo nació Mahoma. El Profeta recibió una enseñanza cercana al cristianismo. Él dio nacimiento al Islam, que ha sembrado el Cercano Oriente con el impulso que correspondía a los hombres de estas comarcas.
Esta corta retrospectiva histórica devela que en esta época también hubo una mutación importante que se desarrolló de diferentes maneras y que ha sido absorbida en dos mil quinientos años.
Todos los dioses de la Tierra, poco importan sus nombres y sus profetas, son un soporte para ayudar al hombre a superar sus limitaciones y a aceptar sus condiciones de crecimiento. Las religiones nacen allí donde son útiles y se adaptan al psiquismo y a la evolución de las poblaciones a las cuales se dirigen.
En la hora actual vivimos una transformación rápida de los campos electromagnéticos que componen nuestro medio ambiente. La Tierra oscila sobre su eje, atraída por planetas que se revelan a los astrónomos y que modifican nuestra relación cósmica.
Desde hace algunas decenas de años, numerosos mensajes explican, de manera novelada y científica, las perturbaciones impuestas por estos nuevos parámetros. Estos generan mutaciones espontáneas en los minerales, los vegetales y los animales. El ser humano también tiene que aceptar una adaptación para continuar su camino de evolución en el planeta Tierra.
Modificaciones importantes de nuestro elemento vital, impuestas por las nuevas influencias astrales, perturban nuestro estado de ser, nuestra resistencia inmunitaria y nuestro psiquismo. Estas condiciones nos empujan a liberar nuestras cargas kármicas con el fin de encontrar esta fuerza de vida que está en nosotros.
Tenemos una idea de lo que debe ser Dios. Ésta, con frecuencia, nos impide encontrarlo.
Cuando estamos en las miserias, la depresión o en problemas de toda clase, ¿cómo aceptar que Dios se manifiesta en nosotros de esta manera? ¿Cómo comprender que los accidentes, las enfermedades, los problemas y los cambios impuestos por la vida están destinados a elevar la tasa vibratoria de nuestras propias debilidades con el fin de sobrepasarlas y así dar un impulso nuevo? Este está destinado a liberar los elementos de bloqueos, de debilidades y de perturbaciones energéticas que han sido inducidas por el karma.
El karma es la relación de causa a efecto de nuestro recorrido por el sistema solar, desde el momento en que nuestra molécula inicial fue atraída por la gravitación terrestre. El alma emprende su desarrollo con la densificación de esta molécula y su encarnación en calidad de ser humano después de un largo recorrido de varias centenas de millares de años. El alma es inmortal. Ella se desarrolla por medio del proceso de la reencarnación y de la evolución permanente inducida por esta dinámica.
El karma corresponde a las tensiones energéticas inducidas por las influencias astrales sobre los diferentes cuerpos sutiles de la naturaleza humana. Es a la vez un motor y una penalidad, pues los bloqueos y las debilidades que estas influencias generan, crean las limitaciones de vida que cada uno conoce. El ser humano es ayudado a liberarse de estas tensiones por medio de una fortificación de su sistema energético que, por elevaciones vibratorias sucesivas, sobrepasa las limitaciones. Es la acción de Dios que responde a la parcela divina en cada uno de nosotros.
Este proceso ha tomado millones de años para ponerse en su lugar. Estará presente en la Tierra hasta el último momento de la vida de nuestro planeta.

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