Un proyecto, una empresa por crear, se asemeja extrañamente a un niño que desea venir al mundo. Necesita ser alimentado por una energía de acojida, de amor y por la intención que habita al futuro padre o a la madre en devenir de la empresa. Él crecerá en los pensamiento, las intenciones y el mantillo que rodea toda idea y toda gestación.

Si hay dudas, si hay elementos imprecisos e inciertos, no tendrá la fuerza de concretarse. Si hace parte de sus sueños, seguirá siendo un sueño y una ilusión, pero si ustedes le transmiten la intención de existir, ustedes crean su conciencia que podrá alimenterse de sus avances para concretarlo. Todo proyecto tiene su conciencia. Es ésta la que ustedes crean y de la que ustedes se vuelven responsables.

La intención suscitará los acontecimientos necesarios para su concreción y su resultado. La materia está animada por la mirada que se fija en ella. El proyecto está alimentado y nutrido por los pensamientos y las acciones: transmítanle su energía personal y su fuerza vital y él los alimentará perdurablemente.