El ser humano, antena erguida entre el cielo y la Tierra
Reflexión de enero del 2009
El ser humano es una réplica del cosmos y de su funcionamiento. Su cerebro contiene zonas que reaccionan a las influencias astrales, otras que responden a las energías de tierra y otras, además, que suministran el trabajo de análisis de las informaciones captadas por los sentidos conocidos y aquellas, más sutiles que funcionan a través del subconsciente. Esto hace tres zonas distintas, todas unidas las unas a las otras y todas bajo una tensión favorable a la interacción en tiempo real. Sólo una zona resiste toda influencia: ¡la glándula pineal! Ésta contiene el núcleo atómico del átomo germinal, toda la memoria del universo encriptada en los pliegues de su estructura y sobre todo, esta capacidad de dilatarse o de retraerse según las tensiones cósmicas y terrestres.
Cuando la Tierra se dilata, ella toma un lugar nuevo en el espacio y el tiempo. Se abre hacia dimensiones aún inexploradas y constructoras de un nuevo paradigma de vida para los humanos.
La ciencia y la tecnología descubren realidades insospechadas que modifican el comportamiento social, económico y político. Nuevas religiones se crean, con el fin de acompañar las aperturas de conciencia que exigen nuevas referencias. El ser humano adquiere la capacidad de abrir sus percepciones a mundos aún desconocidos. Se convierte en co-creador de su vida.
Cuando la Tierra se contrae, el ser humano pierde progresivamente esta conciencia ampliada para concentrarse en una vida que se vuelve más y más difícil. Una alteración de las condiciones ambientales lo obliga a reconsiderar su lugar en el sistema establecido y a activarse para asumir su descendencia y su supervivencia. Él se vuelve inventivo y calculador de la energía por distribuir para conservar el mayor tiempo posible esta relación con la memoria colectiva y con la que alimenta su vida. Él fortifica su cuerpo y su espíritu para asimilar las informaciones que recibe, con el fin de manejar lo mejor posible las limitaciones que se instalan en él y en su medio ambiente directo.
Este periodo difícil, pues restrictivo en la relación con los planos interdimensionales, está siempre acompañado por una degradación de las condiciones de existencia en Tierra. Está acompañado de cataclismos que conmocionan el planeta, con turbulencias fuertes y desestabilizadoras para el cuerpo y el espíritu.
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