Reflexión de abril del 2009

La vida es una secuencia lógica y permanente de acciones y de interacciones. La inteligencia se desarrolla con la urgencia y la necesidad de encontrar nuevas soluciones. Ella está ligada a la capacidad psíquica de transmitir las nuevas informaciones al sistema energético, y en consecuencia, a las células que suministran el impulso de vida y de equilibrio entre las influencias cósmicas y aquellas de la masa terrestre.

El ser humano emerge de una fuerza conjugada de átomos que lo crean y que se encuentran en fricción con la atmósfera y con las energías generadas por la masa terrestre.

El ser humano es una materialización parcial de su alma.

Nuestra alma está compuesta de una multitud de frecuencias y de informaciones condensadas que yo denomino la molécula inicial. Ella se ha creado mediante la atracción de ciertos átomos entre ellos y de la fusión de estos en una estructura dinámica que regula las interacciones recíprocas y externas. Progresivamente, esta molécula ha generado un campo magnético que le permite no ser más colonizada por cualquier otra frecuencia de su medio ambiente inmediato. Ella fortifica su capacidad mediante la aceptación, en su estructura, de nuevas energías provenientes de su entorno y que son siempre perturbadoras de un equilibrio que ha sido instalado. Ella tiene la capacidad de desarrollar la inteligencia y la evolución espontánea, lo cual le da la fuerza de existir en el campo magnético que ella ha creado.

Para desarrollarse, esta molécula inicial necesita utilizar la energía de la densidad para acelerar la fricción de sus propias células entre ellas. Esta fricción genera la energía necesaria para alimentar el alma, creando un campo magnético. Éste está constituido de un núcleo (el alma) y de múltiples frecuencias generadas por él (los cuerpos sutiles). Cada frecuencia tiene una acción interactiva con la totalidad. Es un mundo nuevo que se crea y abre un pasaje en el espacio y el tiempo y crea su propio tejido espacio-temporal.

El alma tiene un objetivo, un propósito: el de acumular una fuerza siempre más grande para poder irradiar en una fuerza luminosa y volverse una frecuencia de sostén para crear otros mundos, otras formas de vida y progresivamente evolucionar hasta el nivel de la frecuencia de la luz. Ella engloba la información individual de lo que somos, desde nuestro origen unicelular, el del grupo al cual pertenecemos, nosotros, los seres humanos, la memoria colectiva y la inteligencia que le permite existir en un medio hostil y en permanente transformación.