Un ritmo, una canción, un hombre en evolución permanente
Reflexión de febrero del 2009
Cuando la glándula pineal se dilata, el conciente percibe una parte más vasta de su contenido. Cuando se contrae, el mundo retorna a un estado primitivo y limitado. En un ritmo y un ciclo de unos 26.524 años.
Estando todo unido, este ritmo corresponde igualmente a una respiración cósmica que afecta nuestro sistema solar y, en consecuencia, al planeta Tierra. La anarquía crea la confusión. De la confusión nace el caos que por sí mismo suscitará un nuevo ordenamiento. No hay negatividad o positividad. Sólo hay elementos no transformados e informaciones asimiladas y utilizables para generar la fuerza de existir y crear un nuevo equilibrio.
Somos una condensación de energías que tienen tasas vibratorias diferentes e innumerables modulaciones de frecuencias. La fuerza de atracción de estas frecuencias crea un campo energético unido que intercambia permanentemente con su medio ambiente, creando su propia sinergia.
La vida está en permanente evolución. No tiene descanso alguno pues se adapta de manera repetida a las modificaciones de nuestro medio ambiente directo y a las tensiones cambiantes del campo electromagnético que rodea la Tierra y que tiene una influencia directa sobre nuestro bienestar o nuestras perturbaciones. Todo está en movimiento, pues sólo la fricción de los átomos unos con otros genera la vida y la energía para alimentarla.
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