Reflexión de julio del 2009
Las duchas cósmicas son permanentes y la molécula inicial decide cuáles serán las frecuencias que le son útiles para aumentar su capacidad de resistencia. Desde este momento comienza una absorción que durará el tiempo necesario (a veces siglos), in vitro, sin ninguna repercusión al nivel del alma.
En cuanto la molécula ha absorbido y asimilado una nueva frecuencia, ella la repercute al nivel del alma, quien, a su turno, envía las informaciones útiles para la asimilación por parte de la estructura psíquica y el organismo físico.
Las frecuencias vehiculan una tensión cuyo ritmo está dado por las modulaciones. Estas modulaciones se crean mediante el encuentro de frecuencias anexas que cuadriculan el tejido espacio-temporal. El espacio no es infinito, el tiempo: ¡sí! La energía está en todas partes, de manera condensada y fluida, pero no puede ser utilizada si el proceso de materialización no es dominado por el cerebro humano.
Ciertas personas, avanzadas en el proceso de evolución, se conectan a informaciones «nuevas» que les permiten crear materias inéditas, conceptos vanguardistas y tecnologías que revolucionan la vida cotidiana. Mediante procedimientos de laboratorios, ensayos y múltiples tentativas, estos alquimistas de nuestra época crean una nueva dimensión de la materia en resonancia con los campos cósmicos en los cuales evolucionan la Tierra y los satélites del Sol.
La vida humana hace parte de esta unidad de frecuencias que cuadriculan el sistema solar en este momento. Este momento = 400 mil millones de años aproximadamente. Durará hasta el momento de una conmoción cósmica importante que pondrá a la Tierra fuera de su órbita actual. Es esto lo que preparamos, ya hoy, con el fin de preservar el desarrollo que ha creado la naturaleza humana, y repercutir, en otro lugar y en otras condiciones, el proceso de materialización y de desarrollo de la naturaleza humana.
En el cosmos, nada se pierde, todo se recicla, pero de una manera creadora y no pasiva. Cada gesto, cada pensamiento tienen antecedentes que han creado la vida y que la mantienen a tráves del movimiento, del desarrollo que nos son útiles a cada instante. La vida está en todas partes, pues todo se degrada, se recrea distintamente y alimenta el terreno sobre el cual se mantiene el tejido espacio-temporal.
Cada frecuencia vehicula una o varias informaciones. Éstas son captadas por las moléculas que constituyen la atmósfera y que se crean permanentemente, a merced de los vientos cósmicos y de los polvos de estrellas que estos vehiculan. Estas informaciones se densifican cuando reciben «empujones» de otras frecuencias más fuertes e invasoras. Estos últimos son el reflejo de la respiración de la galaxia que tiene una vida, también ella. Ella se constituye, se fortifica, crece y hace su lugar en el cosmos. Un día, ella se desmorona sobre sí misma y genera los huecos negros visibles en la galaxia y que representan una condensación de frecuencias de un conjunto. También es posible que ella sea colonizada por otra galaxia o que explote bajo la influencia de su sol central.
Nuestra galaxia gira alrededor de su sol. Éste está ausente a nuestra vista, pues es más poderoso que el sol alrededor del cual giramos nosotros en este momento. Este sol tiene la forma de un vórtice que no tiene irradiación visible al ojo humano, y que maneja la vida de nuestra galaxia, y que tiene una influencia sobre la vida de otras galaxias cercanas y lejanas.
¿Qué es el cosmos? Es un espacio en un gran Todo, que no está en ninguna parte, pues la noción de espacio ya no es plausible a este nivel. Cuando estamos desencarnados, tenemos la conciencia de este gran Todo. La encarnación limita esta concepción. El cosmos no tiene límites, no tiene fin y no tiene ubicación.

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