Reflexión de septiembre del 2009

El Ser no tiene una relación amorosa con el conciente. Su acción está destinada a aumentar el potencial de la energía vital de la persona y a mejorar las relaciones entre los diferentes cuerpos, sutiles y físicos. Él prepara el cerebro para manejar nuevos parámetros y para repercutir estas informaciones en el sistema nervioso y emocional. Él crea las situaciones de vida que fortifican todos los aspectos de la vida activa con el fin de aumentar el potencial de absorción de las confrontaciones con todo tipo de perturbadores. Es así como la salud se mejora de todas las maneras, mediante el aumento de los campos energéticos perturbados y el restablecimiento de las corrientes eléctricas y químicas que los unen. El tono vibratorio es estabilizado así con el fin de liberar las tensiones inherentes a los bloqueos energéticos y físicos.

Las emociones son virtuales, pero tienen una influencia preponderante sobre nuestra vida cotidiana por los impulsos que transmiten a todos los órganos y a las liberaciones de adrenalina o de DMT en nuestras células. Bien manejadas, las emociones se vuelven positivas y funcionales. Bloqueadas por miedos, esquemas restrictivos de pensamientos o por disfuncionamiento del psiquismo, ellas perturban la fluidez de las corrientes energéticas y crean las limitaciones, a menudo importantes, de vida.

El ser humano es una creación compleja que utiliza su medio ambiente en resonancia con su construcción psíquica y física para aumentar su frecuencia vibratoria. Él genera, así, un campo activo en el sistema solar e incluso más allá. Él es omnipresente, omnipotente y omnisciente en su esencia y limitado en su presencia conciente por la incapacidad, por el momento, de manejar hasta el nivel de la materia terrestre, la cantidad de informaciones que encierra su núcleo.